DOBLES VIDAS: UNA HISTORIA DE AMOR

Dobles Vidas:Una historia de Amor

Llevo tiempo planteándome si una progresiva digitalización de los libros, no de algunos sino de todos ellos, formaría parte de un supuesto progreso. Su desmaterialización, su desaparición como objetos que se puedan tocar, oler, guardar en estanterías y distinguir unos de otros no sólo con la vista, pero con el olfato, el tacto, e incluso el oído en el caso de los audiolibros, borraría elementos humanos del proceso de lectura. Un proceso que abarca más que el sólo hecho de encontrar un libro y comprarlo.
Dobles vidas se escribió como «una película de ideas –dijo Assayas a France-Presse cuando se presentó en el Festival de Cannes- que evoca el tipo de diálogos y cuestiones que podemos hacernos en torno a la evolución del mundo contemporáneo».
Y así es. Una película de ideas bien enlazadas en diálogos brillantes.
Guillaume Canet es Alain, un editor casado con Selena, la actriz Juliette Binoche. Su matrimonio hace aguas ya que tanto él como ella se ven tentados por otras opciones.
Alain, por su asesora de edición digital que además propone un giro absoluto para la editorial.
Y Selena por Leonard (Vincent Macaigne) un escritor amigo de ambos que escribe novelas confesionales, lo cual irrita enormemente a sus amigos y conocidos que se ven retratados en todas sus obras.
El debate digital avanza durante toda la película. Hay momentos clave como cuando Christa Theret (editora digital) tras una larga perorata sobre las ventas en el mundo digital y cómo se posiciona una novela según hashtags en el mercado, independientemente de su calidad, ante una pregunta sobre el fondo de una materia responde: No tengo opinión.
Los personajes oscilarán en un dilema moral interesante, aunque en ambos casos la respuesta parece que les viene dada, pero en realidad son ellos los que han cambiado la forma de mirar. Como tantas veces suele suceder en la vida
Es un guion inteligente, actual, conducido con ligereza y humor. Juliette Binoche está espléndida. Con la cara lavada casi todo el metraje, defiende el personaje de una mujer de cincuenta y muchos, interesante, de peso y con una belleza natural, sin artificios. Tiene frases geniales como “No me gustan las historias de venganza cuando justifican la violencia” (pistola en mano)
Humor e infidelidades aparte, la película deja un poso fuerte a defensa de lo humano. Del contexto humano. Y creo que de eso trata este filme, .de no confundir democratización con masificación, de no diluir la experiencia estética a una percepción estandarizada, aunque los sistemas de venta sí cambien constantemente.
Además, tiene el punto fuerte de hilar este asunto, con el amor. El amor y el tiempo. O como menciona Canet a su editora digital: Una cuestión de Fe.
En un archivo, como en una agenda de teléfonos todos iguales, los documentos, los números, restan amontonados, pegados, ordenados, y sin fin. Las distancias y los espacios están medidos, hay algoritmos en los programas, hay algoritmos incluso para saber quién puede ser tu pareja ideal, o el libro que comprarías.
De un archivo parecido, en un libro de Saramago, el protagonista saca una ficha, un nombre descolocado de entre todos los nombres. Se trata de elegir con libertad, no de que la máquina elija por ti. Se trata, además, de una forma de AMOR.

Estefanía Muñiz Villa
11- 04- 2019

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