Escritores

Recogió el bosque, doblándolo cuidadosamente, como una sábana de lino. Después plegó el cielo ya cubierto de estrellas y también lo introdujo en el baúl. Quedaban los recuerdos del día, las emociones que debía recordar para que no se perdiesen, y algunos sueños. Todo lo guardado tenía vida porque ella lo había contemplado, tocado, sentido y escrito.
¿Seré yo real? se preguntó mirando su imagen en el espejo. Yo, a quien nadie mira, ni toca, ni ama, quizá sea sólo una sombra, reflexionó abriendo un cuaderno en el que escribía cada noche hasta que el sueño vencía el pulso, hasta que un escritor, en una dimensión que ella era incapaz siquiera de imaginar, dejaba la pluma, cansado, y comenzaba a soñar que al día siguiente quizá modificase el destino de su personaje.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *